Hoy se producirá un hecho histórico. Y por varias razones, entre las que se destaca la pertenencia partidaria del presidente de la Nación: será la primera vez, desde 1928, que un mandatario democrático no peronista ni radical cumple con los plazos electorales que contempla la Constitución. El camino comenzará con las Paso, como previa a la primera vuelta de octubre. Todo bajo el gobierno de una fuerza novedosa para la historia política del país como Cambiemos.

Y hay que remontarse 91 años, hasta Marcelo Torcuato de Alvear, para encontrar a un no peronista que haya cumplido con los tiempos electorales. El radical triunfó en las elecciones del 2 de abril de 1922 y llamó a elecciones en 1928.

En aquellos años no existía el peronismo. Pero, de toda maneras, desde 1945 –cuando irrumpió Juan Domingo Perón– hasta hoy tampoco había sucedido que un presidente que no pertenece al PJ o a sus variantes pudiera completar los plazos de la Constitución.

Hablamos de períodos incluidos en la democracia del voto secreto y obligatorio. Una modalidad que nació el 10 de febrero de 1912, cuando se aprobó en Argentina la ley 8.871 (conocida como Sáenz Peña). Fue el nacimiento en el país del voto para los argentinos nativos, o naturalizados, mayores de 18 años. La salvedad, no menor, es que no se incluía a las mujeres (que lograron el voto en 1947).

Antes de aquella reforma electoral, Argentina empleaba un sistema en que el voto era “voluntario” y se manifestaba en forma verbal y públicamente ante todos.

En 1916, el radical Hipólito Yrigoyen fue el primer presidente argentino en ocupar ese cargo luego de elecciones con la ley Sáenz Peña. Aquellos comicios contaron con la participación del 62 por ciento de los ciudadanos y el ganador obtuvo el 47 por ciento de los votos.

Luego llegaría el primer golpe de Estado, en 1930, y la inestabilidad política fue el factor común que marcó a fuego el devenir de los argentinos.

Vale la aclaración: el militar Agustín P. Justo, de los conservadores, también completó su mandato (1932-1938), pero en tiempos de la Década Infame, lo que lo pone en un lugar diferente. Por aquellos años, se arreglaban las votaciones y los ciudadanos estaban lejos de hacer valer sus derechos.

Fuente: La Voz del Interior

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